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domingo, 14 de abril de 2013

¿Pueden causar terremotos las tormentas solares?


Las llamaradas solares por muy grandiosas y espectaculares que sean ni las eyecciones de masa coronal (las partículas ardientes lanzadas al espacio por el Astro rey) pueden provocar que la superficie del planeta se eche a temblar. No han encontrado una conexión, pero tampoco pueden poner la mano en el fuego porque esta no exista.
Lo que sí existe es la creencia de que los terremotos pueden activarse o ser más intensos cuando el Sol entra en una fase de gran actividad. Un estudio publicado por el Space and Science Research Centre en Florida (EE.UU.) hace tres años encontraba una fuerte correlación entre la actividad solar y los mayores eventos sísmicos y volcánicos en la Tierra. Cuando sucedió el devastador seísmo de Japón el 11 de marzo de 2011, el Sol estaba muy despierto, lo que suscitó aún más el interés popular por este asunto.
Jeffrey Love, geofísico del USGS, quiso comprobar por sí mismo si algo así podía ser cierto con la ayuda del equipo científico Northwest Research Associates y comprobó el estado del Sol el mismo día que se produjeron distintos terremotos. No encontró un parámetro que se repitiera. «Hay algunos seísmos como el de Chile de 1960, de magnitud 9,5, en el que había más manchas solares y más actividad geomagnética de lo que es habitual, pero en el de Alaska de 1964 todo estaba más tranquilo de lo normal», pone como ejemplo Love a Universe Today. En definitiva, algunos terremotos han coincidido con momentos de gran actividad solar y otros no, y se han producido grandes tormentas solares sin que la corteza terrestre se quebrara al mismo tiempo. Los resultados, publicados en la revista Geophysical Research Letters no son concluyentes.
«Es natural que los científicos quieran ver las relaciones entre las cosas», dice Love. «Pero eso no quiere decir que esa relación exista realmente».
 Fuente de información: www.abc.es/ciencia/

lunes, 25 de marzo de 2013

Las erupciones volcánicas causaron la 4º gran extinción


Un grupo de investigadores del Instituto de Tecnología de Massachussets y la Universidad de Columbia acaba de establecer, por primera vez, que la gran extinción de finales del Triásico, hace unos 200 millones de años, coincide en el tiempo con una serie de"mega erupciones" volcánicas que arrojaron a la superficie más de tres millones de km. cúbicos de lava. Entonces, y en un lapso de unos pocos miles de años, desaparecieron la mitad de las especies que poblaban la Tierra.
Los científicos la conocen como la cuarta gran extinción. Sucedió hace unos 200 millones de años, en la frontera temporal entre el Triásico y el Jurásico y causó la desaparición del 50% de las especies vivas del planeta. Cuando el mundo empezó a recuperarse, fue la estirpe de los dinosaurios la que ocupó los nichos ecológicos que habían quedado vacíos tras la catástrofe. A partir de ese momento ellos, los dinosaurios, heredaron la Tierra y dieron comienzo a un reinado de 135 largos millones de años que no terminaría hasta que sobrevino otra gran extinción, la quinta, hace 65 millones de años.
La  quinta gran extinción tuvo mucho que ver con la caída de un meteorito de unos diez km. de diámetropero las cosas no están tan claras con respecto a la cuarta. Los científicos, de hecho, no terminan de ponerse de acuerdo sobre su causa y son varias las teorías que intentan explicar lo que sucedió.
Ahora, y tras examinar durante años numerosos yacimientos desde Estados Unidos al Norte de Africa, un grupo de investigadores ha conseguido enlazar la abrupta desaparición de la mitad de las especies que poblaban la Tierra hace 200 millones de años con una serie de gigantescas erupciones volcánicas. Erupciones que causaron cambios climáticos tan drásticos y rápidos que la mayor parte de las criaturas, sencillamente, no consiguieron adaptarse a las nuevas condiciones.
El nuevo estudio reúne evidencias de trabajos anteriores y las reinterpreta a la luz de las nuevas técnicas para la datación de rocas. El autor principal de la investigación, Terrence Blackburn, utilizó, en efecto, el decaimiento de los isótopos de uranio para llegar a la datación exacta del basalto, un tipo de roca dejada por las erupciones. El basalto analizado en el estudio procede de la Provincia Magmática del Atlántico Central (CAMP), una serie de erupciones masivas que comenzaron hace cerca de 200 millones de años, al mismo tiempo que casi todas las tierras emergidas del planeta se agrupaban en un único y enorme supercontinente.
Aquellas erupciones arrojaron a la superficie más de tres millones doscientos mil km. cúbicos de lava en cuatro súbitas oleadas y en un intervalo de pocas decenas de miles de años, dando origen a una grieta en el supercontinente que, con el tiempo, terminó por convertirse en el actual Océano Atlántico. Restos de aquella inmensa colada de lava se encuentran, hoy, repartidos entre las dos américas y Africa.
Blackburn y sus colegas demostraron que la primera gran erupción se produjo en lo que hoy es Marruecos y que las dos siguientes, en las actuales Nueva Escocia y Nueva Jersey, llegaron 3.000 y 13.000 años después, respectivamente.
Así, y en apenas unos pocos miles de años, las condiciones del planeta se fueron deteriorando debido a una serie de "golpes" volcánicos sucesivos que envenenaron la atmósfera y cambiaron el clima para siempre, llevándose por delante a los últimos grandes anfibios y a una buena parte de los reptiles que por aquél entonces dominaban el mundo.

 Fuente de información: www.abc.es/ciencia/

sábado, 23 de marzo de 2013

El 'lubricante' de las placas tectónicas


La corteza terrestre está dividida en fragmentos, balsas de roca sólida que flotan sobre un océano de magma de una forma similar a como las placas de hielo lo hacen sobre el agua. Las placas chocan entre sí, se superponen, se rozan y deforman unas a otras dando origen a nuevas cordilleras montañosas, pero también a violentos terremotos, que se concentran y son de mayor intensidad precisamente en las zonas de fricción.
Ahora, el hallazgo de esta capa de «lubricante» de roca fundida, que suaviza y facilita la interacción de las placas tectónicas y hace posible que se deslicen sobre el manto, puede ayudar a comprender muchos de los principios básicos de la geología de nuestro planeta, entre ellos el vulcanismo y los terremotos.
Los investigadores descubrieron la capa de magma bajo las aguas de América central, a la altura de Nicaragua. Utilizando técnicas especiales de mapeo del fondo marino, obtuvieron imágenes de una capa de unos 25 km de espesor, hecha casi por completo de roca fundida del manto terrestre y justo bajo el borde de la placa de Cocos, precisamente en el punto en que ésta se desliza por debajo de Centroamérica.
Lo primero que hicieron los investigadores fue desplegar un gran número de instrumentos en el fondo del área estudiada, capaces de registrar las señales electromagnéticas naturales de la zona y reflejarlas en un mapa de la corteza y el manto. Fue así como descubrieron la sorprendente existencia de la capa «lubricante» de magma.
«Fue algo totalmente inesperado -asegura el geofísico Kerry Key-. Buscábamos hacernos una idea del papel que tienen los fluidos en la subducción de placas, pero descubrimos una capa fundida que no esperabamos encontrar allí en absoluto. Fue algo realmente sorprendente».
Durante décadas, los investigadores han debatido sobre la naturaleza de las fuerzas y de las circunstancias que permiten a las placas tectónicas del planeta deslizarse a través del manto terrestre. Algunos estudios muestran cómo el agua disuelta en los minerales que forman las capas superiores del manto contribuye a crear una capa más dúctil y que facilita el movimiento de las placas que se deslizan encima. Pero nunca ha sido posible recopilar datos suficientes como para confirmar (o desmentir) esta teoría.

Fuente de información: www.abc.es/ciencia/

miércoles, 14 de noviembre de 2012

La falla de Alhama de Murcia tiene más riesgo sísmico de lo que se pensaba.


Un grupo internacional de investigadores ha identificado en la historia más reciente de la falla de Alhama de Murcia seis grandes terremotos de magnitud superior a 7. Esta falla es un plano de fractura del terreno que atraviesa toda la corteza terrestre, por lo que, para identificar los terremotos prehistóricos en sus paredes, los científicos hicieron excavaciones superficiales perpendiculares a la falla –unas trincheras de entre 20 y 30 metros de largo y cuatro metros de profundidad– que han permitido obtener un registro paleosísmico excepcionalmente largo.

Para entender la pauta de comportamiento de la falla de Alhama de Murcia, los investigadores se tienen que remontar en el tiempo cientos de miles de años “mucho más que americanos o japonenses, que a partir de datos de 10.000 años ya pueden identificarlos”, añade Martínez Díaz. Esto se debe a que en España las fallas son más lentas y, por lo tanto, el tiempo de recurrencia entre grandes terremotos es mucho mayor –del orden de miles de años– que el que tienen fallas mucho más rápidas como la de San Andrés (California). Según sus estimaciones, la falla de Alhama se habría generado hace más de 9 millones de años y provocaría terremotos desde su inicio controlando de ese modo el paisaje de la región.

En la zona se podría producir un terremoto mayor de lo que se pensaba. “Las fallas no rompen en toda su longitud a la vez durante los terremotos, sino que están segmentadas. Hemos comprobado que esta falla puede romper de una sola vez sus dos segmentos occidentales, desde Góñar (Almería) hasta Totana (Murcia), lo que implicaría un terremoto de magnitud superior a 7”, explica Martínez Díaz, que añade que es fundamental que se tenga en cuenta en los cálculos de peligrosidad y normas de construcción en la zona. Hasta ahora su peligrosidad estaba minusvalorada porque, hasta ahora, las estimaciones se basaban en el catálogo de sismicidad histórica con los eventos ocurridos en los últimos 2000 años.

Fuente de información: www.muyinteresante.es