sábado, 18 de mayo de 2013

Más de 1500 españoles voluntarios para el proyecto Mars One.


La fundación, que quiere establecer la primera colonia humana en el Planeta rojo, busca candidatos de todo el mundo que se atrevan a afrontar la misión y sean capaces de aceptar la idea de que jamás regresarán a la Tierra. La selección de astronautas está abierta a cualquier persona que cumpla los requisitos, no demasiado exigentes, de ser mayor de edad (18 años o más), tener buena salud, ciertas aptitudes de supervivencia, habilidades sociales y un conocimiento adecuado del inglés. No se busca ninguna preparación académica determinada.
En dos semanas, desde que Mars One fuera oficialmente presentada al mundo, 78.000 personas de 120 países se han mostrado interesadas en participar. Exactamente 1.501 son españoles, según datos facilitados por la propia organización. Han pagado 26 dólares solo para poder apuntarse, un precio que varía según la riqueza del país de procedencia (entre los 5 y los 75 dólares). Todos acompañan su solicitud con un vídeo de un minuto en el que explican los motivos por los que quieren participar en semejante aventura. De ellos, tres mujeres y ocho hombres con edades comprendidas entre los 19 y los 48 años han hecho público su perfil en la web de la compañía. Houda (se pronuncia «Uda», advierte ella misma en su página de presentación dentro de la web de Mars One) es la más joven y dice que este año empezará la Universidad, pero que la idea de explorar el espacio «sería mucho mejor». «Hay muchas razones para preferir aceptar esta misión en vez de estar en la Tierra, pero no puedo explicarlas todas. Solo vivir la aventura y ayudar a la humanidad», dice.
«No puedo encontrar trabajo»
Marc, barcelonés de 28 años y aficionado al triatlón, se define como alguien «optimista, sociable y deportista. En el campo profesional soy dinámico, proactivo y eficiente (...) Estoy acostumbrado a trabajar bajo presión. Me encanta este proyecto». Ángel, de 37, trabaja para una importante compañía de energía solar. Le gusta practicar la caída libre, así que seguramente tendrá el corazón preparado para las emociones fuertes, aunque si es elegido y la misión llega a buen puerto las que les esperan serán mucho mayores. «Siempre he estado fascinado por la astronomía, soñando con volar y viajar por el espacio. Me considero una persona filantrópica y podría llevar a la humanidad más allá de sus fronteras, crear vínculos que unan todas las razas y religiones», afirma.

Paul, candidato
Pero posiblemente el perfil con más sentido del humor entre los candidatos españoles y que mejor refleja los problemas terrestres es el de Paul, de 48 años, quien confiesa que quiere viajar a Marte porque se siente «un marciano». «Estoy plenamente satisfecho con mis experiencias en este planeta, pero no puedo encontrar trabajo y es hora de irse (...) Estaba pensando en irme lejos de España y consideré Nueva Zelanda, pero Marte es mucho mejor», manifiesta. «Aguantaré a todos los lunáticos que se presenten para esta misión, pero espero que al final dejarán paso a los que estemos en nuestro sano juicio (...) En cuanto a mis cualificaciones, estoy totalmente acostumbrado a los platos precocinados».
Houda, candidata
«Estoy loca por ir a Marte y estoy convencida de que voy a ser la primera mujer en conseguirlo». Vanessa, de 39 años, es una de los1.500 españoles (nada menos) que hasta el momento se han presentado voluntarios para el proyecto Mars One, una misión desarrollada por una organización privada holandesa para enviar, en una década, a cuatro seres humanos en el primer viaje a Marte sin retorno

 Los vídeos de estos solicitantes pueden verse en la web http://applicants.mars-one.com/ y recibir votaciones del público.

Si algún candidato español es elegido formará parte de un grupo de entre 50 y 100 personas de cada una de las 300 regiones en las que la organización ha dividido el mundo. En 2015, no quedarán más de 40 solicitantes, que serán divididos en varios equipos de cuatro personas. Estos equipos comenzarán un periodo de entrenamiento de siete años y finalmente, como se tratara de un reality show, será la audiencia quien decida quién viajará a Marte. El primer grupo llegará al Planeta rojo en 2023, y el segundo dos años después. Allí establecerán una colonia y las cámaras emitirán todo lo que ocurra. Todo eso, si esta organización realmente cumple lo que promete y es capaz de superar todo tipo de problemas económicos, técnicos y humanos para llevar adelante los planes más ambiciosos que se puedan imaginar.
Fuentes de información: www.abc.es/ciencia/

viernes, 3 de mayo de 2013

El cometa Ison se acerca.


Si llega a ser visible desde la Tierra, el Ison puede ser el cometa más espectacular en el cielo en el último medio siglo, dicen los astrónomos. Pero no descartan aún que el objeto, viajero desde los confines del Sistema Solar, se desintegre cuando se acerque hasta 1,2 millones de kilómetros del Sol, el próximo 28 de noviembre. En cualquier caso, astrónomos de todo el mundo se han puesto en acción para aprovechar la oportunidad que el Ison ofrece de seguirle y estudiar su evolución. Ahora está casi a la distancia de la órbita de Júpiter, pero el veterano telescopio espacial Hubble ha logrado fotografiarle y los especialistas ya han tenido motivo de asombro: aún a esa distancia, el cometa tiene coma y cola, estructuras que forman estos objetos cuando están más cerca del Sol. Otro telescopio en órbita de la NASA, el Swift, lo fotografió en ultravioleta el pasado 30 de enero, y también lo hizo la sonda Deep Impact.
El nuevo cometa, procedente de la lejana nube de Oort (región esférica en los confines del Sistema Solar, rica en cometas y asteroides), está ahora a unos 630 millones de kilometros de la Tierra y a 620 millones del Sol, según han informado los científicos del Hubble; su núcleo debe medir cinco o seis kilómetros de diámetro, el coma o cabellera (la atmósfera de gas y polvo que lo envuelve) mide ya 5.000 kilómetros de diámetro, aproximadamente 1,2 veces la anchura del continente australiano, y la cola se extiende más de 90.000 kilómetros, saliéndose del campo de visión del telescopio espacial.
El Ison fue descubierto, el pasado 21 de septiembre, por los astrónomos rusos Vitali Nevski y Artyom Novichonol, miembros de la Red Óptica Científica Internacional (ISON, en sus siglas en inglés) que ha dado nombre al cometa, oficialmente denominado C/2012 S1. Luego, al revisar archivos astronómicos se identificó el objeto en observaciones de diciembre de 2011 y enero de 2012.
Cuando lo localizaron en el cielo Nevski y Novichonol, el cometa estaba a algo más de 1.000 millones de kilómetros de la estrella, más de seis veces la distancia media de la Tierra al Sol (Unidad Astronómica, 150 millones de kilómetros). Es la primera vez que el Ison se acerca al centro del Sistema Solar, según los cálculos. En octubre próximo se acercará a Marte y el 28 de noviembre pasará a poco más de un millón de kilómetros de la superficie del Sol. Desde la Tierra se podrá observar en el cielo a finales de este año y principios del próximo, ya de retirada, si sobrevive al calor y la gravedad del astro. Al fin y al cabo, un cometa es una bola de hielo sucio. “Como todos los cometas, el Ison es un bloque de gases helados mezclados con polvo”, explican los científicos de la misión Swift. Al aproximarse al Sol, el material helado se transforma de sólido a gas, en un proceso llamado sublimación, y se generan chorros de material que refleja la luz solar y brilla.  Normalmente, el agua de un cometa permanece helada hasta que está a una distancia de la estrella de unas unidades astronómicas.
El hecho de que sea visible desde Marte, dado que allí hay una flotilla de naves, en el suelo y en órbita, que lo pueden observar, añade interés al cometa. De momento, los científicos están estudiando el Ison en la lejanía, y esta misma semana van a apuntar de nuevo el Hubble hacia él para tomar más datos. “Queremos averiguar la proporción de los tres hielos dominantes en su composición: agua, monóxido de carbono congelado y dióxido de carbono igualmente helado, o hielo seco”, explica Michael A’Hearn, astrónomo de la Universidad de Maryland.

Habrá un Samsung Galaxy S4 resistente al agua.


En vísperas de que Samsung ponga a la venta su modelo estrella Galaxy S4, ya anuncia que en cuestión de semanas habrá una versión del modelo que resistirá el polvo y el contacto con líquidos.
No es el primero, ni siquiera entre su marca, con estas características. Su Galaxy Cover 2, por ejemplo, resiste media hora a un metro de profundidad. Otros fabricantes, como Motorola, HTC o Lenovo, también aguantan inmersiones en el agua más o menos prolongadas y a más o menos profundidad.
El contacto con líquidos, principalmente agua, es una de las primeras causas de las averías de los móviles; sin embargo esta característica no se suele incorporar a los modelos de más alta gama, con la excepción del Sony Xperia Z, sino a los de gama media.

Urge limpiar el espacio.


Unos 5.000 lanzamientos realizados desde que comenzó la era espacial han ensuciado tanto las órbitas terrestres que ha llegado el momento de empezar a limpiar la basura acumulada ahí arriba y que pone en peligro los satélites en funcionamiento. No basta, por tanto, con reducir el ritmo de producción de más y más basura, sino que hay que pensar ya en tecnologías y estrategias para quitarla, advierten los expertos. Un artefacto que salga al espacio, se aproxime a un viejo satélite apagado y lance una gran red para capturarlo y conducirlo hacia su destrucción controlada es una idea. Otra estrategia posible sería la pesca de fragmentos de basura espacial con una especie de arpón para enganchar y arrastrar el desecho. Los ingenieros estudian diferentes opciones, pero lo que está claro es que hay que actuar cuanto antes. Las medidas para mitigar el problema de la basura espacial, si los diseñadores de satélites y los operadores de misión las implementan adecuadamente, pueden cortar el crecimiento de la población de desechos en órbita. Sin embargo, la retirada activa de basura es necesaria para revertir el crecimiento de fragmentos.
Actualmente, hay unos 170 millones de fragmentos de basura espacial de tamaño superior a un milímetro, según las estimaciones de los expertos, 670.000 de los cuales son mayores de un centímetro y 29.000 de más de 10 centímetros. A las altas velocidades que llevan, incluso los más pequeños suponen un peligro para los artefactos espaciales funcionando, ya que su impacto puede afectar a partes vitales del mismo. Pero cuando tienen ya un tamaño considerable, los efectos son fácilmente catastróficos. Por ejemplo, los expertos de la ESA han recordado que la colisión en el espacio de un satélite estadounidense de comunicaciones (Iridium-33) con un satélite militar ruso (Kosmos-2251) provocó la destrucción de ambos y generó más de 2.200 trozos observables.
El peligro es constante. La misma Estación Espacial Internacional (ISS) tiene que maniobrar de vez en cuando para evitar el riesgo de colisión con un fragmento de basura espacial que podría incluso ser letal para los astronautas: una perforación en el fuselaje y la despresurización del campamento orbital supondría una grave emergencia, en el mejor de los casos.
La basura no está repartida uniformemente, sino que hay algunas órbitas especialmente sucias: las comprendidas entre 800 y 1.000 kilómetros de altura sobre la superficie terrestre. La concentración aumenta el riesgo para los satélites que operan a dicha altura, pero también facilitaría el desarrollo de misiones de retirada de artefactos viejos o piezas, señalan los expertos.
Aproximadamente 1.000 satélites (sobre todo de telecomunicaciones, meteorológicos, de navegación, científicos y de observación de la Tierra) están activos en órbita actualmente. Su destrucción tendría un coste inmenso.
Existen normas y recomendaciones sobre los artefactos en órbita, como no apurar el uso de los satélites hasta el punto de que puedan fallar y quedar descontrolados, dirigir los artefactos a las llamadas órbitas cementerio donde no supongan peligro para los equipos activos, o los dispositivos de las etapas superiores de los cohetes para favorecer su destrucción rápida por reentrada en la atmósfera. Pero el crecimiento de la basura espacial demuestra que esto no es suficiente.
La empresa Astrium, el gigante espacial europeo, se ha declarado “comprometida con el desarrollo de tecnologías apropiadas para mitigar y solucionar los problemas relacionados con la basura espacial”. Sus desarrollos están enfocados al blindaje y adaptación de los diseños de sus vehículos espaciales para reducir su vulnerabilidad respecto a pequeños desechos y a las últimas fases de misión para evitar que dichos vehículos se conviertan en basura espacial.

La energía eólica del futuro se prueba en el ‘mar’ de Madrid.


Existe un océano en Madrid y está en la Avenida del Arco de la Victoria, junto a la Ciudad Universitaria. Un piélago en miniatura de 100 metros de largo por casi cuatro de ancho. Lo alberga la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Navales de la Universidad Politécnica, un edificio cuya esbelta torre, inspirada en el faro romano de Hércules, en A Coruña, revela la inspiración marinera del conjunto.
Esta piscina es en realidad el Canal de Ensayos Hidrodinámicos(Cehinar), inaugurado en 1967 y banco de pruebas de buques de todo tipo. Para llegar a las instalaciones hay que atravesar un taller donde se fabrican las maquetas y en el que se amontonan cascos y quillas de madera y plástico. Ahora, la empresa eléctrica prueba en esta piscina sus diseños de aerogeneradores marinos, un intento de sacar partido de la energía de las corrientes de aire que soplan sobre el mar y que en el caso de España son muy aprovechables, especialmente en la provincia de A Coruña.
El potencial de la energía eólica marina es abrumador: de hasta 4.200 gigavatios solo en Estados Unidos, según el Laboratorio Nacional de Energía Renovable (NREL, en sus siglas en inglés), dependiente del gobierno de ese país. En España, que junto a Alemania está a la cabeza europea en producción de energía eólica, esta sumaba más de 22.000 megavatios a finales del pasado año, lo mismo que 50 plantas como la de Santa María de Garoña, y supuso el 18% del consumo energético en el mismo periodo, dos puntos más que el año anterior, según un informe elaborado por Red Eléctrica de España.
Pero antes de construir un diseño para probarlo en mar abierto se hacen estudios con modelos a escala, como el usado ahora, cuyas proporciones son 40 veces menores que los molinos reales y en el que se han cuidado todos los detalles, como incluir una pequeña escalerilla, para que sea lo más fiel posible a sus hermanos mayores.
Cuando las pruebas exceden la capacidad del canal, los ensayos se trasladan al Centro de Experiencias Hidrodinámicas de El Pardo, un organismo autónomo del Estado adscrito al Ministerio de Defensa. "Tiene un canal de ensayos de 150 metros de largo por 30 de ancho y es uno de los cinco más importantes del mundo —los otros están en Corea del Sur, Japón, Noruega y Alemania—", afirma el ingeniero de Iberdrola. En esas instalaciones, que datan de 1928 y fueron construidas por encargo de Alfonso XII, se han probado los cascos de todo tipo de buques, tanto civiles como militares. También submarinos.
La primera vez que se instaló uno de estos aparatos fue en verano de 2009, en la costa de Noruega. Su montaje se efectuó en el mismo lugar donde se iba a colocar y fue una operación compleja para los barcos y grúas que unieron sus piezas en alta mar. La estimación del coste de construir e instalar cada uno de estos titanes de acero y fibra de vidrio y carbono es, en opinión de Amate, de 26,5 millones de euros. En el diseño español los gastos pueden rebajarse hasta en un 20%, según el ingeniero, ya que el ensamblaje se puede hacer en un astillero y luego remolcar el conjunto con una gabarra, con forma de herradura, diseñada para la tarea. Ya en el lugar, y con ayuda de buzos, se engancha a sus anclas. "El proceso se simplifica y reduce los costes, que provienen en su mayoría del transporte e instalación. Ese es precisamente nuestro punto fuerte". 

Shazam se prepara para salir a bolsa.


El identificador de canciones Shazam ha fichado al ex ejecutivo deYahoo, Rich Ripley, con el objetivo de preparar a la compañía para salir a bolsa.
La aplicación Shazam nació en 1999 en Londres. Su originalidad consistía en reconocer en los móviles la música o las canciones que sonaban. Fundada por Chris Barton, Inghelbrecht Felipe, Mukherjee Dhiraj y Wang Avery, la aplicación aprovecha el micrófono del móvil para poder grabar una muestra de música que se está reproduciendo, compararla con su base de datos (de más de 11 millones de registros) e identificarla por nombre y autor, todo en décimas de segundo. Gratuita para el consumidor individual, daba acceso directo a tiendas de música como iTunes.
Hace dos años, Shazam aplicó sus habilidades a los televisores, de tal modo que podía reconocer anuncios y conectar para comprar sus productos. Actualmente tienen más de 300 millones de usuarios y reconoce prácticamente cada programa de la televisión de Estados Unidos.
Shazam se ha convertido en una aplicación básica de la llamada segunda pantalla, los móviles y tabletas que actúan a la vez que se ve la televisión.

España lidera un consorcio internacional de energía termosolar.


Las energías renovables, incluso las que son ya plenamente operativas y aportan un porcentaje sustancial del suministro eléctrico, tiene por delante aún mucho recorrido de desarrollo tecnológico para hacerlas más eficientes y más baratas. Es el caso de la termosolar, la tecnología que concentra, mediante espejos, la radiación solar directa en un fluido receptor, generando altas temperaturas para producir electricidad.
Para avanzar en esta forma de energía renovable, un consorcio internacional liderado por España, en concreto por los expertos del Ciemat, ha puesto en marcha un proyecto de la Unión Europea, que lo financia con 10 millones de euros para cuatro años. El programa, denominado Stage-Ste y coordinado por Julián Blanco, ha obtenido la máxima puntuación en la evaluación de las propuestas de los Proyectos de Investigación Integrados de la European Energy Research Alliance.
Ahora se trata de desbrozar el futuro. Entre los objetivos, Blanco destaca el desarrollo de espejos de bajo coste para reducir la inversión inicial que exigen estas plantas, o mejorar las características de los fluidos en las instalaciones de parábola, así como explorar nuevos materiales más duraderos, más baratos y aptos para lugares desérticos, tan idóneos para las plantas termosolares. Otro aspecto importante es la investigación de los materiales de almacenamiento del calor para lograr temperaturas más altas que hasta ahora. También se plantea utilizar esta energía renovable, por ejemplo, para producir hidrógeno o para desalar agua, apunta el coordinador del proyecto.
“En España estamos al límite geográfico para la termosolar, más al Norte no tiene mucho sentido, pero Marruecos y el Sahara tiene un potencial inmenso”, señala Blanco. La ventaja de esta tecnología, frente a otras renovables, es que es más predecible, argumenta, porque la solar fotovoltaica depende de que haga sol y la eólica, del viento, por lo que la entrega energética a la red es variable. “Con la concentración solar se puede almacenar la energía en sales fundidas, a 400 grados, materiales que tienen una gran inercia térmica, de manera que, aunque esté nublado, puedes seguir garantizando la entrega energética a la red de toda la potencia nominal”, explica el investigador del Ciemat, destacando que una planta en Sevilla logra ya un almacenamiento de calor de 17 horas.
En el proyecto Stage-Ste participan 40 instituciones (ocho españolas más dos empresas) de una veintena de países. El presupuesto total para cuatro años es de 18,6 millones de euros.